El espejo en la arena, abierto al amanecer, enseñó a los que pasaban que el final puede ser un faro y no una lápida; que el adiós puede bordear el yeso de una puerta azul que siempre está por abrirse. Jack Escarcha descubrió que su apellido no era casualidad: como la escarcha en la mañana, su historia se desvanecía para permitir que algo nuevo brillara cuando el sol tocaba el mundo.
—Ahí estás —dijo ella—. Siempre supuse que volverías. Los finales son profesores exigentes; dan lecciones en forma de ausencias.
Antes de cruzar, Jack dejó el fragmento de espejo en la arena. No lo rompió; simplemente lo colocó donde pudiera reflejar el amanecer cada mañana. La palabra INICIO brilló bajo la luz.
—El final que buscas no es una conclusión —continuó—. Es un círculo. Cada vez que te acercas, hallas un principio distinto. Toma esto.
